sábado, 22 de noviembre de 2008

Digamos...

Vuelvo a pensar en la cuestión de la inseguridad…

En cómo transformar ese miedo en algo diferente. En ponerla en palabras para que el otro se entere de su presencia.
¿Por qué hay que meter la incomodidad debajo de la alfombra? Si lo hago, solo logro hacer una montaña de basura que, al fin y al cabo, solo me hace sentir mas pesada.
Existen determinadas normas establecidas que detesto. Modos de funcionar que se vuelven obligatorios, a los cuales hay que responder para evitar las miradas sorprendidas y acusadoras: “¡No!, no tendrías que haber hecho eso!” ¿Por qué no? Si es lo que yo he decidido hacer. Los movimientos elegidos empiezan y terminan en mí, por lo tanto la decisión es absolutamente mía.
En esa búsqueda de aprobación pierdo algo. La regla general apunta: hacer lo contrario. ¿No es más complicado disfrazase? ¿No es demasiado tedioso fingir? ¿Por qué esta tan mal exponerse? ¿Decir? ¿Hacer lo que verdaderamente siento?

Vamos como ensordecidos tratando de respetar códigos que nos obligan a enceguecer, que nos transforman en algo que no somos, porque ser demasiado verdaderos puede ser un error. ¿Es eso cierto?

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cosas que te pasan si estás viva... (I)

Cuando llegué al Museo me choqué con Víctor Laplace. Sí, el General de mentira…
Los celulares suenan con la marcha peronista, y un señor repite incansablemente: “el mejor homenaje al General es ir a trabajar todos los días, aunque llueva... ¿no es cierto?”. Yo miro para abajo, porque creo que hasta temo que me pregunte.
“Acá estamos, como siempre”, arremete una señora. Todos con su mejor ropa y peinado. “Compañero”, “militante”.
El mismo señor habla de la presidente enojada. Tienen en sus manos revistas y pósters viejísimos, amarillentos.
La sensación que tengo es que buscan volver nuevamente a aquella época. Al peronismo.
Yo pensé que sería una conferencia de Galasso. Y no, estoy en medio de militantes de otros años. Soy la más joven de todos, y probablemente la única no peronista.
El señor del póster tiene una cara de desquicio… de libro. Pero sobre todo creo que noto otra cosa en sus ojos: nostalgia. Absoluta, enorme. Es casi una mirada desolada.
Ese señor quiere volver. Lamentablemente no puedo entenderlo. No porque considere que la política no sea algo importante, por el contrario, todo acto es político. Las relaciones humanas son relaciones de poder.
Pero, ¿por qué quiere volver? ¿No llegó el fin de aquello por alguna razón? Todo ha cambiado. Incluso él, supongo. Aunque la gravedad del pensamiento se empeñe en atraerlo, el cambio es inevitable.
Astor y El Polaco cantan desde un parlante. Por eso un poco me distraigo (Astor… como te quiero).
No le conozco la cara a Galasso. ¿Es ese? Mmm...… no. Capaz es el otro que tiene el mismo pelo que Alabarces… tampoco.
¿Qué sentirán? Es como un ritual. Por alguna razón lo relaciono con la escena de The Wall en que Pink se pone el traje de su padre. Pero no se si lo asocio a la figura militar (“el General”) o porque ay un espíritu de montar una escena. De jugar a que por n momento se esta en otro lado.
Sí. Sacan fotos. Se sonríen. Observan todo y a todos.
Creo que me miran mientras escribo y deben pensar que soy goim.
Un hombre de unos cuarenta años le saca una, dos, tres, muchas fotos a un abandera de ceremonias.
La lealtad, el general, Eva, el 17 de octubre son para ellos un sinónimo absoluto del ser nacional. De la Patria.
Hay olor a carnaval. Pero no porque no respete lo que ellos creen. No es eso. Es por aquella cuestión del juego, del disfraz, del anhelo por volver, para tratar de, aunque sea una tarde, ser de nuevo compañeros, sentirse absolutamente peronistas de nuevo. Un
Dejá vu de laboratorio.
Tengo la sensación de que miran raro.
Tengo la sensación de que si encuentran el libro de Cortázar que tengo en la mochila me van a gritar “¡gorila!”
Se conocen todos. Todos.
“Esta si que es una peronista como la gente”: acaba de llegar una señora que debe tener mas de noventa años; joroba, bastón y un conjunto de alabanzas de parte de los demás.
Y se ríe, esta feliz. La escena vale la pena por ella. Y ahora la nostálgica soy yo.

martes, 11 de noviembre de 2008

... Y el barco se llama Ganga Yamuna (PEZ) *

Yo no sé descompuesto de palabras
sigo el cuerpo luminoso
yo voy por más... ¿hasta dónde, hasta dónde?
hasta el cielo donde nadie antes llegó
¿Qué veo?
Estás sola y esperándome sin hablar,
el tiempo se deshace
cuando busco adentro tuyo.
Pronto tu alma voy a encontrar.
Yo te doy tres canciones, mil caricias
y un nombre con el que me podés llamar,
si querés yo me quedo con vos

hasta que pasen las mañanas
y suba el mar
y tengamos que escaparnos
en un barco a otro planeta
y el sol y la sal saluden a la chica
y al samurai del espacio...
y el barco se llama Ganga Yamuna.

* el Sr. Minimal lo dice de un modo tan hermoso, que sería terrible no aprovecharlo...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Ventajas y desventajas de lo inevitable

¿Por qué siempre está esa búsqueda? Siempre tratando de convertirse en un ser superior...
Intentando incansablemente poder apropiarse de las cosas y cargarse de certeza.

¿Cuál es la necesidad de quitarse de encima la inseguridad? Traté de hallar el modo de encontrar la perfección, de eliminar por completo el error, de trabajar sobre el miedo a equivocarme. Y pensé que tal vez eso me volvería un objeto...

Se elevarían delante mio enormes glaciares. Se volvería fría esa incertidumbre que puede ser tan hermosa. Aunque me quede a la deriva de la suposición ese vértigo no es menos bello. No deja de generarme revoluciones químicas adentro.

Sería como vaciar la mirada. Como no esperar algo más. Como tener demasiado resuelto el destino. Como perder la casualidad, esa que creo que en realidad es una búsqueda inconsciente y sugestiva.

Porque pensé que eso que hallé no lo estaba esperando, y sin embargo era mi mayor pesquisa.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Imposibilidades


Puntadas de fuego


Se hunden en el pecho y se comen el aire.


Todo se vuelve lo mismo


Todo el aire esta contaminado.


Las pupilas no distinguen los colores,


Las escenas comienzan a formarse en la mente.


Un ansia insoportable comienza a agigantarse,


Una presión,


Una culpa,


Una incertidumbre.


Un desencanto propio,


Un viento que no alcanza para correr tantas hojas,


Una necesidad de desaparecer,


De detener el tiempo y volverse sorda,


De convertirse en un cuerpo inmóvil,


Inquebrantable, inimputable...


Y de nuevo, el temor


De saber que es imposible...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Sugestión I

Como un disparo. Como una luz que te ciega. De pronto te das cuenta de que siempre estuvo ahí, solo que eras incapaz de verlo.

La pequeña muestra de su existencia surge en un detalle, casi siempre pequeño. Una palabra, un gesto, una canción, un nombre. Casi nada….

Hasta ese entonces podías cruzarte miles de veces en un día cualquiera con eso, pero no tenia nada de particular como para robarte el interés. Era otro objeto en un mundo lleno de objetos. De cosas comunes y ordinarias.

Querés escaparle, pero es como si te persiguiera. Insiste en estar. Todo el tiempo insiste en estar presente. Y querés ignorarlo, volverte indiferente para que de golpe vuelva a mezclarse con el todo. Zapatillas, guitarras, caballos, canciones, palabras y eso: todo en el mismo lugar para que así deje de estar. Para que no se corra y te obligue a darle tu tiempo, y con ello rememorar otro momento. Uno que ya se fue, y que por más que quieras no vuelve.
Porque podes recordarlo, claro. La memoria entra en la escena inevitablemente; pero precisamente es eso: un simple y hermoso recuerdo.

Y en ese instante te das cuenta de que te alcanza. Que empieza a gustarte. Que sos feliz con ese pedacito de historia que atesoras como eterno. Que repetís una y mil veces en tu cabeza.

“Rojo”, dijo. Y comenzó a trabajar la hipnosis.
Al otro día todos los semáforos se volvían amigables y te dejaban cruzar. Todos los soles eran inmensos. Y por supuesto, era octubre.

Ovejas

1, 2....

Por mas que lo intento, no puedo lograrlo.. no puedo cerrar los ojos y abrir la puerta.

1, 2, 3...

Como una vorágine incontrolable me posee. Esa mujer invasiva e inquieta que es la duda y recae una y otra, y otra vez mas en la cabeza y me aprieta el pecho.

1, 2, 3, 4....

El verdadero temor es el error: vamos dispuestos y programados a que lo propio debe estar bien. Debe ser lo correcto. Porque comprobar que lo hecho esta mal es aceptar ante el otro que uno es meramente humano. Que la mente no juega sola ni es una. Que la automatización no fue instalada correctamente. Que el sentir corre mucho más rápido y más efectivo por dentro.

1, 2, 3, 4, 5...

Las distracciones parecen no ser efectivas. El plan (de la A a la Z) no sirve. No funciona.

1, 2, 3, 4, 5, 6...

En fin, ¿sobre quién cae la verguenza? ¿la desilusión?... Siempre sobre el equivocado. Sobre el que no pudo hacer bien lo que debía hacer bien.

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7...

De pronto, una certeza. Una de esas certezas incómodas. Una de esas que nos recuerdan que la mediocridad es tan propia. No somos tan maravillosos. Tan perfectos. Tan eficientes. Tan imprescindibles. El horror: somos exactamente igual que el de al lado... quizás un poco peores...