jueves, 6 de noviembre de 2008

Ovejas

1, 2....

Por mas que lo intento, no puedo lograrlo.. no puedo cerrar los ojos y abrir la puerta.

1, 2, 3...

Como una vorágine incontrolable me posee. Esa mujer invasiva e inquieta que es la duda y recae una y otra, y otra vez mas en la cabeza y me aprieta el pecho.

1, 2, 3, 4....

El verdadero temor es el error: vamos dispuestos y programados a que lo propio debe estar bien. Debe ser lo correcto. Porque comprobar que lo hecho esta mal es aceptar ante el otro que uno es meramente humano. Que la mente no juega sola ni es una. Que la automatización no fue instalada correctamente. Que el sentir corre mucho más rápido y más efectivo por dentro.

1, 2, 3, 4, 5...

Las distracciones parecen no ser efectivas. El plan (de la A a la Z) no sirve. No funciona.

1, 2, 3, 4, 5, 6...

En fin, ¿sobre quién cae la verguenza? ¿la desilusión?... Siempre sobre el equivocado. Sobre el que no pudo hacer bien lo que debía hacer bien.

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7...

De pronto, una certeza. Una de esas certezas incómodas. Una de esas que nos recuerdan que la mediocridad es tan propia. No somos tan maravillosos. Tan perfectos. Tan eficientes. Tan imprescindibles. El horror: somos exactamente igual que el de al lado... quizás un poco peores...

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