jueves, 6 de noviembre de 2008

Sugestión I

Como un disparo. Como una luz que te ciega. De pronto te das cuenta de que siempre estuvo ahí, solo que eras incapaz de verlo.

La pequeña muestra de su existencia surge en un detalle, casi siempre pequeño. Una palabra, un gesto, una canción, un nombre. Casi nada….

Hasta ese entonces podías cruzarte miles de veces en un día cualquiera con eso, pero no tenia nada de particular como para robarte el interés. Era otro objeto en un mundo lleno de objetos. De cosas comunes y ordinarias.

Querés escaparle, pero es como si te persiguiera. Insiste en estar. Todo el tiempo insiste en estar presente. Y querés ignorarlo, volverte indiferente para que de golpe vuelva a mezclarse con el todo. Zapatillas, guitarras, caballos, canciones, palabras y eso: todo en el mismo lugar para que así deje de estar. Para que no se corra y te obligue a darle tu tiempo, y con ello rememorar otro momento. Uno que ya se fue, y que por más que quieras no vuelve.
Porque podes recordarlo, claro. La memoria entra en la escena inevitablemente; pero precisamente es eso: un simple y hermoso recuerdo.

Y en ese instante te das cuenta de que te alcanza. Que empieza a gustarte. Que sos feliz con ese pedacito de historia que atesoras como eterno. Que repetís una y mil veces en tu cabeza.

“Rojo”, dijo. Y comenzó a trabajar la hipnosis.
Al otro día todos los semáforos se volvían amigables y te dejaban cruzar. Todos los soles eran inmensos. Y por supuesto, era octubre.

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