jueves, 29 de enero de 2009

No.

Yo se que no quiero…
Que no quiero que vuelva,
Que solo quiero que desaparezca,
Que se mude,
Que enmudezca.
Pero más lo quiero,
Lo anhelo,
Y eso no sucede…
Mido constantemente si es real su ausencia,
Y ahí vuelve a atraparme,
Vuelve a cobrar vida el espantoso monstruo.
Y por más que respire hondo,
El aire desconoce el camino,
Y se pierde,
Y me hundo,
Me ahogo,
Y renace el dolor.

domingo, 4 de enero de 2009

Veo, veo...

Veo más de lo que puedo sentir.
Es como si todo lo que me rodea estuviera un paso más allá de mí. Puedo ver el movimiento, pero desde otro lugar.
Hay como una endemoniada sincronicidad entre el sonido y la acción. Entre el anhelo y lo que verdaderamente sucede. Lo que “verdaderamente” sucede.
¿Cómo saber hasta que punto lo que veo es real?
Tengo la certeza de que corre por dentro un maremoto de reconcomios o de placeres, pero siempre de la mano del miedo. Por uno u otro motivo, el miedo suele ser el invitado especial de la noche. Porque siempre es la noche. Siempre lo oscuro. Lo oculto. Lo que solo se ve con los ojos cerrados.
Y aunque siempre necesito el calor, la ausencia me recuerda que en realidad existe el otro. Cualquiera sea ese otro, se hace más presente cuando deja de estar. Busco imitar esa gigantesca aparición, para probarme que puedo ser necesaria en algun universo vecino, pero temo. Temo que en mi desaparecer se manifieste mi simpleza. Porque se necesita ser maravilloso para existir constantemente, y sospecho que no lo soy… y que alguien lo va a notar.

La vuelta


Me siento en ese lugar que ya conozco, y sin embargo me toca ser una completa extraña en esta escena.
Hay olores que me recuerdan a aquellos días en los cuales los problemas eran otros. Las búsquedas se limitaban a las hojas, la tierra o un poco de agua para inventar el alimento. Los amores se materializaban en la espera del regalo prometido, o en la llegada de un cumpleaños.
Ese lugar que conozco no cambio demasiado. Los objetos ocupan el lugar que solían ocupar. Pero el tiempo nos ha atravesado: a ellos, y sobretodo a mi.
Y aunque inevitablemente cada movimiento del viento me lleve al jardín de la memoria, hoy soy otra. Hay implícito un dolor, porque en algún rincón anhelo que vuelva esa tranquilidad, o esa confortable tristeza que podía quebrar de a poquito con colores y azúcar.