miércoles, 21 de octubre de 2009

Agua

Para mi, la tristeza (esa que te rompe por adentro, que te debilita y te enloquece, no cualquier tristeza) es ahogarse.
Como cualquier persona –creo- pensé muchas veces en mi muerte. Y siempre deseé que no sea ahogada. Que el agua no me coma, que no me traicione ese elemento que amo. Y sentirse terriblemente triste es como morirse por un ratito. Y yo siempre me ahogo. Cuando estoy triste, cuando la inseguridad me arrastra, me meto en el agua. Mejor dicho, el agua se me mete adentro, y me aplasta el pecho, y solamente puedo enroscarme con mis piernas, y esperar a que se vaya.
Y no hablemos de racionalidad porque no existe. No es resistente al agua como mi reloj nuevo, esa es como el aceite: no sirve para vivir con el agua.
Esa tristeza a veces se me vuelve resignación: como que va a estar ahí siempre. ¿Y ahora que hago con esta tristeza? ¿Cómo llevo encima ese nudo de soga de marinero en el pecho? Me hago un poco amiga, le pongo banda de sonido… y espero.

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