domingo, 26 de diciembre de 2010

Sobre el piso

Los inesperados invasores sombríos, las despedidas (vividas y por venir), la incertidumbre y las navidades: cosas que me angustian profundamente.
Si quiero, lloro un 25.

lunes, 13 de diciembre de 2010

miércoles, 8 de diciembre de 2010

John

Es inmenso y está ahí, siempre, rodeando todo. Es como el aire. Es etéreo y gigante. Es cercano, es de carne y hueso y pelo.


jueves, 18 de noviembre de 2010

59

de nuevo al lugar de pensar en uno (o no)
pero esta vez diferente (o no)
Las cosas se saben sólo si se hacen.

(con la misma música en la cabeza. de nuevo como la primera vez)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Alma de Diamante

"...y aunque el sol
se nuble después
sos alma de diamante*
cielo o piel
silencio o verdad
sos alma de diamante"
(Alma de Diamante, Luis Alberto Spinetta)





*el mismo amor dos años después. el mismo amor a flor de piel.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La otra*

Ayer tuve que agarrar mi cuerpo, arrollarlo, y salir a la calle. Tomé el 106, y tras volcar media botella de agua dentro de mi cartera (fue menos, pero también sería menos trágico), llegué a Estación Retiro. Me paré frente a una ventanilla; la misma chica que hace poco me vendió un pasaje con fecha errónea y por ello no la soporto me dijo: "no. no hacemos envíos de encomiendas. Preguntá en el subsuelo". Resulta que el subsuelo de Estación Retiro es otro planeta: un sucesión eterna de puestos con carteles de nombres de empresas super diversos, y muchachos con gorras (la mayoría azules) que cargan y acomodan cajas, cajas, cajas y más cajas. Con mi sobre marrón en la mano me arrimo a un puesto que dice "embalajes". El tema es que si no enviás tu paquetito en una caja, no lo enviás. Un pibe de unos 27 años, morocho, pelilargo, sonrisa amable, embaló mi sobre marrón. Me miró, me hizo un chiste -"son $54", dijo-, le pagué y le pregunté por el lugar que buscaba. Durante esta breve conversación, me llamó poderosamente la atención algo: de golpe, así como así, yo me había vuelto linda. No irresistible, ni sexy, ni simpaticona. Linda.
Dado que en el puesto que busqué no hacían envios a GV, hice el mismo camino, al revés.
Al pasar por el puesto del pibe de unos 27 años, morocho, pelilargo, sonrisa amable, él estaba parado fuera del puesto, apoyado en el mostrador, y mientras me miraba extiendió su mano: mi botella de agua que chorreaba había quedado ahí. "¿No pudiste mandarlo?", dijo, "no. voy a ver a otro", dije. "uuuuh (sonrisa) suerte", dijo... De nuevo, linda.

*(a veces aparece)

jueves, 14 de octubre de 2010

redes

a veces quiero solucionar la cabeza de los otros,
y me quedo sin la mía.
se desdibuja el cuerpo y las ganas.
(soy yo la que se deja hundir.
yo se lo que hace, pero
no puedo evadirla -me-)
estoy y no estoy...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Las partes del todo

Yo me acuerdo el día que mi cabeza de termo se volvió una cabeza de radio: me senté en la cocina de mi casa villeguense, con un equipito de mi mamá, unos auriculares, y puse play a KID A. Literalmente, mi cerebro se partió, y le abrió una puerta a esa banda que llenaría mi vida de música. De la suya.
Claro que antes había pasado cerca. Pero fue ese día el de mi entrega.
Pensé muchas veces en hacer lo que hago ahora. En escribir del monstruo Radiohead. Incluso después de verlos. Aquella fue una ocasión de libro. Recuerdo perfectamente la angustia (con llanto) cuando Kraftwerk tocó su segunda canción, tercera, y así. Los odié. Quería que se murieran o que desaparecieran. Me ardía el pecho de verlos. (¡vayanse, forros! déjenme ver lo que quiero ver para quebrarme de nuevo). Y cuando salieron fue simplemente volver a aprender a respirar. Me acuerdo y me vuelvo a conmover.
Y es que para mi es parte de todo lo que hago. Es mi retribución a la admiración a mi hermana cuando le insisto en que "es un antes y un después", y nos encerramos en una comunión pensando en sus sonidos. Es mi mejor amigo sacudiendo la cabeza y diciendo "es terrible" la millonésima vez que escucha Idioteque. Es mi novio contándome un sueño con ellos y sentarnos en silencio, con la luz que entra por la ventana, a escuchar Hail to the Thief.
Después de verlos en vivo, caí en la cuenta de que si uno de ellos no estuviera más, Radiohead desaparecería.
Me canso de escuchar gente que cree que la banda son Thom y Johnny. Bueno no. Cada uno es necesario, y fundamental. Y ese es el secreto de su genialidad.
Yo le diría a los que creen que Radiohead es The Bends, o que sólo es Yorke, que deje, que no intente, que no entendió ni entenderá. Le mandamos saludos desde este lado del universo (acá tenemos colores y emociones que no conocerá, lo sentimos).
Sobre esta cuestión gestáltica de que "el todo es más que la suma de las partes", me puse a pensar hoy, cuando vi el video que hizo Phil Selway (baterista de Radiohead)para el corte de su álbum solista "Familial". Pensé que a pesar de seguir esa regla, cuando cada parte se separa, sigue siendo todo. Está aún formada por esa materia intangible e inclasificable radioheana. Desde el arte del disco, la música, la voz inclasificable. Todo está teñido con ese aura increíble.
Selway no es un pelado que agita platillos. Él es una de las partes de Radiohead, y si alguien pensó que no, que cualquiera puede ocupar ese lugar, está equivocado.
Cada uno está formado por esa sensibilidad insoportable de la cual uno también es parte una vez que esa puerta se abre detrás de la fisura que aparece en la cabeza cuando escuchás Radiohead. Cuando te entregás y dejas que entre por la piel el sonido. (Yo lo siento en el pecho).
...
By Some Miracle (Philip Selway)

lunes, 30 de agosto de 2010

La Ausencia

Me acuerdo un día en que, sentada en el departamento en el que viví hasta no hace mucho, me empecé a reír sola. Nicolás me miró, pero yo seguía riéndome, mientras se me llenaban los ojos de lágrimas. "Me acordé de algo que me decía mi abuela. Algo que me hacía reír".
En eso momento, algo me floreció en el pecho (claro, Flora...). Me di cuenta de que el recuerdo de mi abuela se había vuelto un recuerdo feliz.
...
Nunca quise ir al cementerio. Nunca voy a ir. Porque esa piedra, ese frío, esos colores no son ella.
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Algo ha pasado en estos días. De la nada (o de todo) me crucé en mi cabeza con un cuento que me contaba ella. El cuento era fatal, y no puedo recordarlo textualmente, pero se que contaba de un conejo que le rogaba a un cazador que no lo mate, que tenía hijos que alimentar. "Levante las patas y las dos orejas" le decía el cazador. De eso me acuerdo. Me acuerdo de su cara contándomelo, y de mis risas. También me acuerdo del ruido que hacía con la boca, como de una moto. Ni hablar de su "No me vas a conocer...". Bastaba con decir eso para que recite La Maestra, desde esa parte claro.
...
A veces pienso en mi familia -y digo mi familia pensando en ese cuarteto inquebrantable de mujeres que hemos sido- y hay algo de comedia dramática. Por otra parte, no se qué familia no tiene algo de eso.
...
Un día que viajé en el subte, que hacía un calor pegajoso, se paró a mi lado una señora que agarró un fierro para agarrarse, y tenía las manos igual a las de mi abuela. Y eso que las manos de mi abuela son inolvidables. Finas, hermosas, con unas uñas increíbles.
Mi hermana las heredó. Mi hermana se las pintó cuando ella ya no estaba; ese acto de amor fue uno de los más grandes que yo vi. Pensé que el corazón se me iba a reventar, que la garganta se me partía. Mi prima me puso una mano en el hombro. Ahora que lo pienso el silencio hacía daño. Solo lo quebraba el ruido raro que hacemos cuando metemos para adentro la angustia, y los mocos del llanto.
...
Sería en vano explicarles cómo era mi abuela. Pensarían que exagero, pero no lo haría. Era fabulosa. Era una estrella de Hollywood que manejaba su auto con gafas y fumaba con boquilla, y era una bruja que tiraba las cartas y adivinaba. Estaba en otro lado, pero "entiende todo" decía mamá.
...
Hace poco soñé con ella, pero no me acuerdo bien. Yo sabía que se iba a ir, pero sentía que eso estaba bien, que ella quería irse.
...
Yo la extraño. Tanto que se me hace un nudo en la garganta. Tanto que me acuerdo de su voz. Tanto la extraño, que cuando por sorpresa durante la mudanza apareció una foto de ella estirando el brazo como cuando quería que le agarres la mano, me puse a llorar como una nena. Sentada en el piso, mirando la pared.
...
Pero igual ella está cerca. Porque yo la recuerdo. Porque mucha gente la recuerda y la revive cuando cuenta cosas de ella ("Ay, la Florita..."). Porque sin querer la pienso todo el tiempo. Porque aunque pasaron tres años es como si fuera hoy que me resigne a no verla más en movimiento.
No se porque este día es el peor de todos los días como este que me tocó pasar. No se.
...

martes, 6 de julio de 2010

10 cosas que voy a extrañar


1. La vista con edificios distantes, y las casas de techos bajos en el medio.
2. La cama al piso.
3. El modo genial y único en que suena el portero eléctrico.
4. La investigación sobre la vida del vecino del edificio de enfrente (¿Es maestro hindú? ¿Violín? ¿Regentea chicas? ¿Es el capo de una secta?)
5. Las chacareras de los sábados de sol que pone un vecino.
6. Pensar si esa mañana mi profesor me cruzó o no por la Calle Humahuaca.
7. El ascensor gigante.
8. El olor a limpio y el aroma fresco del desinfectante que usa el encargado.
9. La vista de "Parrillita" por la ventana del baño ("¡Qué grosso! Son las 3AM y sigue abierta!")
10. El silencio y las conversaciones mudas.

viernes, 18 de junio de 2010

REC

Tengo que hacer tiempo durante una hora. Es cierto, la distancia entre mi trabajo y el suyo, el cual será lugar de reunión, es de de 20 cuadras y caminarlas ya es acotar ese tiempo.
Mientras camino pienso en mi pelo. Atadísimo ahí arriba. Pienso que quizás era mejor dejármelo suelto... pero no, porque parecería Robert Plant.
También pienso en las conversaciones que tuve con todas las personas a las que pude decirles "tengo que hacer una entrevista y eso me pone terriblemente nerviosa". Repaso sus respuestas una por una. Las de la hora del almuerzo fueron "anda y hablale, no preguntes puntualmente. Charlá con él". La de Nico, por teléfono, me calmó inmediatamente "sentate y por un rato sentite un par, nada más".
Quedan 4 cuadras por recorrer y media hora. La ecuación me da mal. La matemática no es para mí. Estiro un poco el camino y cuando ubico el edificio de su trabajo, me siento en un banco en la plaza que está en diagonal. Y claro, la panza se me retuerce, y encima tengo frío. ¿Qué me habían dicho todos a quienes les dije que me pone mal hacer entrevistas? No sé. Simplemente no lo sé.
Me sobran diez minutos. Doy la vuelta a la manzana del edificio de diez mil pisos. Me siento una asesina a punto de ir al encuentro de su victima. Un señor apurado me pasa por al lado, y después se da vuelta y me sonríe, pero no se porqué. Él entra al mismo lugar al que yo entro un instante después.
Falta un minuto para las 5. Llego a la recepción:
-Hola. Tengo una entrevista con Fabián Casas.
-¿Te dijo que bajaba o que subieras?
(Me acuerdo de memoria el mail. Lo leí por lo menos 8 veces "que me avisen y bajo a por un feca")
-Creo que tiene que bajar...
La señorita llama. No atienden. "Me cortan". Habla.
-¿Agustina cuánto?
-Jaurena
-Jjjuua... ¿cómo?
-Jaurena
-Dice que subas. ¿Me prestas un DNI? A ver, mirá acá que te saco una fotito.

Se suben conmigo al ascensor dos señores dignos de la Sociedad Rural. Estoy nerviosa, me duele la panza, y pienso que si empiezo a transpirar la completo. Doy todo por perdido y pienso que seguro voy a preguntar estupideces, pero que no hay nada que hacer...
Se abre la puerta del ascensor. Estoy aterrada. De pronto se abre la puerta y toda esa pelota oscura y pegajosa que tenia en la cabeza, la panza, el pelo, todo ese silencio y ese temblor, se quedan detrás de mi, del otro lado de la puerta, y bajan.
-Sos vos- me dice,
-Sí, soy yo...

jueves, 3 de junio de 2010

SMS

"Gracias a vos por Zappa. Gracias por tu amor. Leal, hermoso. Nunca antes tan real". enviar. ok. mensaje enviado.

jueves, 8 de abril de 2010

Partes de un icosaedro

Estoy segura de que las buenas autobiografías, las hermosas y memorables, no se escriben un día como hoy.
Si no fuera un día como hoy podría decir simplemente “soy María Agustina Jaurena, nací hace 23 años en General Villegas, hace 6 años que vivo en Capital Federal, de donde nunca planeo irme”; pero dejaría de lado cosas esenciales sobre mi, que durante un día de buen humor y autoestima alta no diría. Quizás no lo haría porque estoy segura que tendemos a jerarquizar y siempre queda primero lo lindo, lo liviano o lo mejor que tenemos, y sin embargo una persona tiene tantas características que dejar las malas sería injusto.
Soy inconstante, mi nivel de frustración es sumamente bajo, me irrito con total facilidad, y me angustia casi por igual perder una materia o no tener tiempo para leer a Cortazar, Soriano, Murakami, Bradbury o algún otro escritor que adore.
Intento constantemente y con sinceridad que las cosas me salgan de la mejor manera, pero muchas veces me equivoco, y me veo invadida por una tristeza gigantesca que no me permite hacer nada, me bloquea. Suelo amarme y odiarme con la misma fuerza, y eso hace que tenga unos insoportables cambios de humor. Soy bastante caprichosa, ansiosa, acelerada, mi abuela Flora hubiera dicho sin errar que “me empaco” fácilmente por muchas cosas. Me cuesta dejar de hablar, y después me arrepiento de la mitad de las cosas que dije: a veces preferiría pasar desapercibida, por así decirlo.
Pero volviendo a la teoría de la jerarquización, también sería injusta y mentiría si no escribiera sobre las cosas que me gustan de mí, o que me gustan en general: intento a toda costa ser autentica y hacer las cosas que siento que están bien y me completan (eso que Minimal llama la Representatividad Constante); puedo escuchar y tratar de ayudar a quien me lo pida, y lo hago con gusto. Por ser tan categórica en mis elecciones, me muestro autentica y trato de no caerle bien a gente que no me gusta, y soy fiel e incondicional con aquellas que amo: se me ocurren ahora mi madre Laura, mi hermana Cecilia, mi sobrino y ahijado Juan, y Nicolás, la persona que elegí y elijo para compartir mi vida. Creo que cada vez me quedo con menos amigos, aunque –para caer en el cliché- son los más buenos que podría tener.
Soy una apasionada por la música, y trato de descubrir cosas nuevas siempre que pueda. Puedo pasar de escuchar a Lennon, Radiohead, King Crimson, Pink Floyd o Mars Volta a Pez y Spinetta, o a Ginastera, Rachmaninov, Glass, Tchaikovsky o al Chango Spasiuk. Creo que la música es el espacio en el que puedo liberarme.
Estimo que en realidad, una autobiografía, independientemente del día feliz o no, debe ser algo diferente a lo que escribo. Quizás deba enumerar cronológicamente acontecimientos, personas y sucesos de mi vida. En lugar de eso prefiero decir cómo trato de atravesar esos momentos.
No podría resumir tan brevemente lo que soy, o lo que hice y hago. Si puedo agregar que descubrí cosas mías que me ponen en otro sitio en relación a los demás y que después de traspasar muchas cosas, hoy puedo afirmar que soy feliz.

jueves, 25 de marzo de 2010

"... La realidad no sólo es apasionante, es casi incontable"

Un día, mi jóven amigo Fermín me pidió que le contestara unas preguntas para una tarea del colegio: "¿Tenés héroes? ¿quién? ¿por qué?". La verdad, dude mucho. No porque intentara ser original, sino porque no quería contestar una gansada. "mi madre, mi hermana...", pensé, pero ellas responden a otra categoria, con ellas nos mueve el afecto, el amor, la incondicionalidad... un héroe me sonaba -me suena- a otra respuesta.
"Walsh", le dije a Fermín sin dudar. "¿Por qué?", me dice, y yo vuelvo a pensar un ratito en no decir lo que no quiera. Y desde que me lo preguntó mi amigo, me repregunto porqué. Y la verdad es que todo tiene relación con la admiración. Y no porque él fue un periodista genial y a mi me gustaría serlo algún día. O porque escribía de un modo tan claro y simple y a la vez hermoso y florido, y quizás yo nunca lo haga así.
Admiro al Walsh hombre. Al que amó y luchó y abrazó lo que pensó con toda su vida. Con la vida que le sacaron porque creía fervientemente en algo más grande que él. Porque creía en algo que esos odiosos hombres de metal consideraban incorrecto e inaceptable.
Y por eso lo hirieron de muerte el 25 de marzo de 1977, en Entre Rios y San Juan, según dicen.
“Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”, dijo el oficial Weber, uno de sus asesinos. Y eso lo hace aún más grande. Porque no se entregó, no se resignó. Dio su vida. Dio su nombre cuando firmó la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, y al otro día dio su sangre.
Y hoy, que lo trajeron a mi memoria los acontecimientos, el aniversario de la partida de su cuerpo, la constante admiración, me repregunto y me 'recontesto' sobre él, y una vez más lo reafirmo en la condición de héroe.

jueves, 4 de marzo de 2010

Ver mirar

"Strangers passing in the street
by chance two separate glances meet
and i am you and what i see is me"
(Echoes, Pink Floyd. 1971)



Hoy durante la hora de almuerzo, la cosa se puso filosófica.
Sin querer, apareció por allí, eso que siempre me da vueltas en la cabeza: la mirada del otro.
Es que continuamente estamos -estoy- tratando de imaginar qué es lo que el otro ve en mi. Y eso, claro, es parte de una necesidad que siento primaria, y es la aceptación; es, en definitiva, ser agradable al otro.
Mucho se pone en juego en una mirada. Es en ese momento en el que una se cruza con otra, por más fugaz y volátil que sea, en el que el otro está vivo, está ahí, poniendo su cuerpo en nuestro cuerpo.
¿Se complica ser genuinos por saber que está esa mirada? No. No, porque esa mirada es también la propia; es cómo querer decir algo, cómo presentarse y pararse ante un otro con la seguridad -nunca completa- del "yo soy esto...". Pero sí hay represión, hay un previo pensamiento de lo que hacer o no para continuar siendo lo que somos, o lo que creemos o queremos o intentamos ser.
Hoy que es tan fácil hacerse de una cáscara gomosa que haga que todos reboten lejos, que nos encerramos en mensajes, en sonidos y en pantallas, la mirada del otro parece haber mutado, moverse a la virtualidad, a la distancia imperceptible pero inmediata, a la frialdad de la ausencia incompleta. Pero, igual e inevitablemente, estamos rodeados de otros aunque no queramos, aunque evitemos esas miradas que nos obligan a mirarnos, y por eso creo que están tan enormemente presentes.
Yo, por las dudas, no me duermo en el colectivo...

martes, 9 de febrero de 2010

Nombrar.


"Comprendí que cada mundo entrañaba un misterio y que el acceso al mismo sólo lo podía facilitar la lengua. Sin conocerla, ese mundo permanecería para nosotros insondable e incomprensible, por más años que pasásemos en su interior. Más aún: descubrí una relación entre tener nombre y existir, pues cada vez que volvía al hotel me daba cuenta de que en la ciudad había visto tan sólo aquello que sabía nombrar, por ejemplo recordaba una acacia pero no el árbol que crecía junto a ella, porque desconocía su nombre. En una palabra, comprendí que cuanto más vocabulario atesorase, más pronto -y más rico en su inabarcable diversidad- se abriría ante mí el mundo."


de Viajes con Heródoto (2004), Ryszard Kapuscinski