jueves, 4 de marzo de 2010

Ver mirar

"Strangers passing in the street
by chance two separate glances meet
and i am you and what i see is me"
(Echoes, Pink Floyd. 1971)



Hoy durante la hora de almuerzo, la cosa se puso filosófica.
Sin querer, apareció por allí, eso que siempre me da vueltas en la cabeza: la mirada del otro.
Es que continuamente estamos -estoy- tratando de imaginar qué es lo que el otro ve en mi. Y eso, claro, es parte de una necesidad que siento primaria, y es la aceptación; es, en definitiva, ser agradable al otro.
Mucho se pone en juego en una mirada. Es en ese momento en el que una se cruza con otra, por más fugaz y volátil que sea, en el que el otro está vivo, está ahí, poniendo su cuerpo en nuestro cuerpo.
¿Se complica ser genuinos por saber que está esa mirada? No. No, porque esa mirada es también la propia; es cómo querer decir algo, cómo presentarse y pararse ante un otro con la seguridad -nunca completa- del "yo soy esto...". Pero sí hay represión, hay un previo pensamiento de lo que hacer o no para continuar siendo lo que somos, o lo que creemos o queremos o intentamos ser.
Hoy que es tan fácil hacerse de una cáscara gomosa que haga que todos reboten lejos, que nos encerramos en mensajes, en sonidos y en pantallas, la mirada del otro parece haber mutado, moverse a la virtualidad, a la distancia imperceptible pero inmediata, a la frialdad de la ausencia incompleta. Pero, igual e inevitablemente, estamos rodeados de otros aunque no queramos, aunque evitemos esas miradas que nos obligan a mirarnos, y por eso creo que están tan enormemente presentes.
Yo, por las dudas, no me duermo en el colectivo...

No hay comentarios: