jueves, 11 de noviembre de 2010

La otra*

Ayer tuve que agarrar mi cuerpo, arrollarlo, y salir a la calle. Tomé el 106, y tras volcar media botella de agua dentro de mi cartera (fue menos, pero también sería menos trágico), llegué a Estación Retiro. Me paré frente a una ventanilla; la misma chica que hace poco me vendió un pasaje con fecha errónea y por ello no la soporto me dijo: "no. no hacemos envíos de encomiendas. Preguntá en el subsuelo". Resulta que el subsuelo de Estación Retiro es otro planeta: un sucesión eterna de puestos con carteles de nombres de empresas super diversos, y muchachos con gorras (la mayoría azules) que cargan y acomodan cajas, cajas, cajas y más cajas. Con mi sobre marrón en la mano me arrimo a un puesto que dice "embalajes". El tema es que si no enviás tu paquetito en una caja, no lo enviás. Un pibe de unos 27 años, morocho, pelilargo, sonrisa amable, embaló mi sobre marrón. Me miró, me hizo un chiste -"son $54", dijo-, le pagué y le pregunté por el lugar que buscaba. Durante esta breve conversación, me llamó poderosamente la atención algo: de golpe, así como así, yo me había vuelto linda. No irresistible, ni sexy, ni simpaticona. Linda.
Dado que en el puesto que busqué no hacían envios a GV, hice el mismo camino, al revés.
Al pasar por el puesto del pibe de unos 27 años, morocho, pelilargo, sonrisa amable, él estaba parado fuera del puesto, apoyado en el mostrador, y mientras me miraba extiendió su mano: mi botella de agua que chorreaba había quedado ahí. "¿No pudiste mandarlo?", dijo, "no. voy a ver a otro", dije. "uuuuh (sonrisa) suerte", dijo... De nuevo, linda.

*(a veces aparece)

2 comentarios:

flor dijo...

se ve que algo de la otra había quedado al día siguiente, tenías el pelo hermoso.

Agu Jaurena dijo...

Gracias, Flor!
Es que creo que tiene relación con eso. Desde que al pelo le entró la "hair peace" algo está sucediendo....