lunes, 30 de enero de 2012

Juanita, el amor y las cosas que no entendemos

Hoy me llamó mi hermana para decirme que la perra de mi mamá murió. La atropelló un auto y se murió enseguida. Le dije "¿qué?", y me largué a llorar. Desconsolada.
Yo siempre pensé que si algo le pasase a Juanita me entristecería, pero nada más. "Yo la humanizo", decía mi mamá. Sí, claro. Todos lo hacíamos.
Al poco tiempo que murió mi abuela, mi madre caminaba por el parque de General Villegas y la vio: una bolita de pelos, con agujeritos en la panza por las garrapatas, con hambre. La llevó a su casa y nos dijo -a mi hermana y a mí- que no sabía si agarrarla o no, pero que tuvo que hacerlo. Ella (mejor todas) había perdido a alguien muy importante, y a los días otro ser vivo le ofrece y le pide amor: ¿cómo rechazar ESO?.
Mi hermana le sacó las garrapatas, le dimos leche, yo me quedé con ella a la noche, mi mamá la adoptó.
Cuando hoy terminé la llamada con mi hermana, me di cuenta de algo: Juanita se muere hoy, un 30, como mi abuela. Y ahí me pongo un poco más pensativa y entiendo un poco menos ese universo de cosas que no manejamos, pero vivimos y nos sorprenden.
Y mientras lloro me pongo un poco mejor, sonrío y me acuerdo de ese día que ella llevó a Juanita a su casa. Ese día se abrío un destino nuevo: mi mamá le regaló vida, le cambió morir chiquita y sola por mover la cola cuando la veía, le di amor -ese amor de mi mamá, que te agarra como una ola de frente-, la dejó correr, aprendió a abrir la puerta de atrás. Y claro, Juanita nos regaló su propio universo, su manera de hacer las cosas, su humanizada manera de ser animal, y a mi me enseñó del amor y de otras cuestiones que no entiendo, pero vivo.

1 comentario:

Catalina Neyra (@cneyra) dijo...

Tuve mascotas, pero nunca lo suficiente como para verlas...bueno. Hace un tiempito vi un documental hermoso y triste sobre los últimos momentos de un chico con su perro, antes de terminar con su canceroso dolor por siempre. Él lloraba, lo alzaba, lo besaba. Contaba sobre cómo ese perro viejo había estado ahí, acompañándolo a él y a sus amigos durante los años. Amor incondicional. Me dí cuenta de que lo envidiaba un poquito. La conexión que tenía por ese animal era muy poderosa. Me gustaría sentir algo así alguna vez. Lo siento mucho, amiga. Te quiero.