domingo, 28 de octubre de 2012

Sangre de tu sangre de mi sangre (reconocerse)

Me pregunté por qué me cuesta tanto escribir sobre Cecilia, sobre Juan, sobre Hilario. Sobre ellos que son mi familia. 
Y alguien -esa persona que me dice "pará, pará"- me dijo que quizás no sea necesario decir más. Que hable cada imagen.
Pero ahora pienso en esto: en cómo se multiplica el amor. En lo inmenso y genial que es reconocer y re-conocer a mi hermana como madre. En cómo en cada visita, aunque pasen meses, Juan e Hilario me reconocen, saben quién soy ("Agu", "nena", risas). En ese momento en el que me pregunté si podía sentir lo mismo nuevamente por un sobrino por nacer, y darme cuenta de que hay aún más amor adentro, nuevo, diferente. De ese amor que te emociona cuando ves un video, una foto, escuchás una voz.
Pienso en sus manitos cuando te tocan mientras hacen otra cosa, como ver la tele, jugar, tomar la mamadera, comer. El idioma que no entiendo. Mi miedo cuando caminan o corren. Mis ganas de llorar de alegría cuando los veo o los pienso.
La incondicionalidad. El reconocerse como adulto ante su niñez. Como tía. Como hermana, pero desde otro lado. Sentirse y reconocerse llena de amor. Hasta estallar. Hasta estar como en el aire. Hasta el temor.