lunes, 5 de agosto de 2013

Herencia


Mi abuelo Arturo sacaba fotos. De su familia, de incendios, de desfiles militares, del campo, de cosas que le gustaban. Nunca lo conocí. Se fue 6 años antes de que alguien siquiera pensara que yo podría existir. Pero la sangre y el amor por la fotografía nos unen para siempre. Aunque nunca jugamos juntos, aunque nunca me abrazó, aunque no conocí su voz. El inconsciente existe.
Y ese camino del inconsciente aparece acá. 
Mi hermana me llamó por teléfono un día para contarme que Juan saca fotos. Pero saca fotos "como vos", me dijo. Mirando como vos. No por la pantalla, pone el ojo en visor, pero abre el otro para ver. Le saca fotos a su padre y a su hermano cuando duermen. Y dice "foto, Agu" cuando le pregunto qué está haciendo.
Y ahí estoy yo, pero sobre todo, y lo que me hace profundamente feliz, está él mirándome a mí cuando miro a través del lente.

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