sábado, 10 de agosto de 2013

Mi nombre



Le digo que Lhasa me lleva a un lugar de tristeza, pero hermoso. Que me interpela.
Él me cuenta cómo la conoció. Yo no lo conozco, no más allá de letras uniformes, no más allá de 5 minutos en un lugar con ruido y gente que sube y que baja.
Dice dos cosas, o algunas más, y siento algo del reconocimiento y siento que entiende algo de mí.
Yo misma entiendo ahora cosas de mí. Cosas no dichas, ocultas en algún lado. Detrás de la entrega absoluta que no quiero que ocurra de nuevo. No así.
Llego a un lugar nuevo. Y estoy yo, el espacio, el mío. El espacio que es esta mesa, una cama, libros, discos, fotos. El espacio que soy yo misma, mi nombre, y la posibilidad de que eso exista y se reinvente.

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