miércoles, 14 de agosto de 2013

Reencuentro

Fui a la muestra de Yayoi Kusama hace unas semanas.
Me maree. Tuve nauseas. Quise golpear a algunas personas que sacaban fotos frenéticamente sin mirar lo que tenían enfrente.
Me gustó, claro. Aunque quisiera poder disfrutar más del espacio. Con menos ruido, con menos gente. Con más tiempo para quedarte pensando ahí, con esas bombas que la japonesa pintó, qué le pasaba, qué sintió, qué me ocurre con eso.
Pero lo que pasó, o dentro de lo que pasó lo que me pone a escribir esto, es que no pude dejar de pensar en Louise Bourgeois. En las ganas, cuando no necesidad, de que su muestra vuelva. En volver a pararme debajo de esa araña enorme, preñada, oscura y absoluta.
Y entonces pensar por qué Kusama me lleva a Bourgeois. Más allá de lo femenino, lo tortuoso, lo referente a la locura y al sufrimiento. O precisamente por todo eso.
Y pensar a Bourgeois, reencontrarme, amarla fuerte de nuevo y meterme un poco en su universo laberíntico y creativo y hermoso, y lleno de dolor y de arte para atravesarlo.





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