martes, 10 de septiembre de 2013

Un cuarto propio



"Era esa hora entre dos luces en que los colores se intensifican, y púrpuras y dorados flamean en los cristales de las ventanas como los latidos de un corazón impresionable; en que por alguna razón la belleza del mundo revelado y no obstante próximo a perecer (justo en ese momento me escabullí en el jardín: una mano imprudente había dejado la puerta abierta y no había moros en la costa), la belleza del mundo tan próxima a perecer tiene dos filos -uno de risa, otro de angustia- que parten en dos el corazón"

Virginia Woolf, Un Cuarto Propio.

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